5 de febrero de 2017

5 de enero de 2017

La ayuda entre iguales en los centros educativos: material de uso para el profesorado


José Antonio Luengo
 
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Amenazas de comportamientos suicidas del alumnado. El papel de los centros educativos

Propuesta de marco general de intervención para centros educativos

José Antonio Luengo

Según la Organización Mundial de la Salud, el suicidio se puede producir durante toda la vida y es la segunda causa principal de muerte entre los 15-29 años en todo el mundo. En el mundo se regsitran más de 800.000 muertes por suicidio al año.  Si bien la relación entre el suicidio y los trastornos mentales (en particular los trastornos relacionados con la depresión y el consumo de alcohol) está bien documentada en los países de altos ingresos, muchos suicidios ocurren de forma impulsiva en momentos de crisis que pueden afectar a la capacidad de hacer frente a estresores vitales (por ejemplo, problemas económicos, una ruptura de pareja o la presencia de dolor y enfermedades crónicos). Por ende, las experiencias relacionadas con conflictos, desastres, violencia, abusos, pérdidas y sensación de aislamiento, están fuertemente asociadas con el comportamiento suicida[1].

Las tasas de suicidio son también elevadas entre los grupos vulnerables que sufren discriminación, como refugiados, inmigrantes, población LGBTI, población reclusa, etc. Sin obviar, por supuesto, las situaciones derivadas del acoso entre iguales.



En nuestro país, cada día 10 personas se quitan la vida, siendo la primera causa de muerte no natural , por delante de los accidentes de tráfico. Unas 4.000 personas se suicidan cada año en España, una cifra estable que se ha convertido ya en la principal causa de muerte no natural y por lo tanto en un problema de salud pública que debe ser atajado por las instituciones de forma seria y rigurosa, con campañas de prevención que traten el fenómeno y promuevan acciones para la información, la sensibilización y la intervención preventiva[2]. En los últimos diez años, el incremento de muertes por suicidio en nuestro país se ha incrementado un 20%.

Según los datos del INE[3], la franja de edad entre los 15 y los 19 años es la que ha sufrido mayor incremento en la incidencia del fenómeno, en torno al 47%, por encima de lo observado en el resto de tramos de edad analizados.  

Representa una necesidad, pues, acometer un proceso de reflexión seria en los entornos responsables del cuidado y atención de nuestros adolescentes, en especial, en los centros educativos. Conocemos que el principal factor individual de riesgo para el suicidio es un intento previo de suicidio no consumado. Esta es una circunstancia especialmente relevante para la toma en cosideración de acciones preventivas especialmente cuidadas y planificadas.
El presente documento pretende acotar los elementos esenciales para la intervención de un centro educativo en situaciones en las que un alumno haya podido comunicar, a través de cualquier expresión, vía y persona, su profundo sufrimiento con las situación personal que está viviendo y su intención de acabar con su vida.

Más allá de cualquier consideración sobre hipótesis causales y riesgos, que deberán ser abordadas en el contexto profesional especializado que se estime pertinente, el centro educativo está obligado a poner en marcha una serie de mecanismos de atención, cuidado y protección especial del alumno afectado. Para ello, el asesoramiento de los especialistas en salud mental que puedan llevar a efecto la valoración diagnóstica y el tratamiento debe considerarse fundamental.

Resulta de interés la Guía para la prevención de la conducta suicida dirigida a docentes, elaborada por la Comunidad de Madrid (2016), a la que puede accederse en el siguiente enlace:


La citada Guía detalla este tipo de situaciones con la siguiente consideración:

El suicidio puede tener muchas definiciones, pero nos gustaría que lo entendieran como: Una solución radical al sufrimiento psicológico intolerable. La persona tras verse superada en sus recursos y capacidad de afrontamiento, no ve ninguna otra salida y, por ello, decide acabar con su vida.
                                  
Hay dos pensamientos distorsionados que las personas con ideación suicida, creen como reales:
  1. Siempre van a seguir sufriendo igual (desesperanza).
  2. Creen que su pérdida será fácil de superar para sus familiares y seres queridos y en muchos casos piensan que, incluso, es un favor que les hacen ya que, en su opinión, sus allegados vivirán mejor sin ellos.

Asimismo, la Guía señalada establece como imprescindible el diseño de un protocolo o marco de actuación para casos de intento de suicidio o ideación suicida, que debería incluir, al menos, estrategias de prevención y actuación por parte del centro educativo.

Con el objetivo de facilitar un esquema esencial para la elaboración del referido protocolo de prevención, a continuación se detallan los ámbitos que pueden contribuir a una adecuada gestión de la situación siempre en el contexto de los patrones que se estiman adecuados para la prevención, la detección y la intervención por parte del centro educativo.

  1. Creación de un equipo de planificación y seguimiento de la situación, en el que, en todo caso, debe incluirse a las figuras del Director, Jefe de Estudios, Tutor del aula en el que se haya escolarizado el alumno implicado y el Orientador del centro.
  2. Observación y atención al día a día del alumno en los espacios físicos del centro. Se considera especialmente necesaria la elaboración de un plan que recoja de modo explícito la observación esmerada de la conducta del alumno durante su presencia en el centro educativo. El plan deberá incorporar las personas responsables de su cuidado y atención en todos los espacios por donde discurra la vida del alumno a lo largo del día (ver estrategias 2 y 3 de la Guía para la prevención de la conducta suicida).
  3. Acompañamiento y apoyo por parte de profesores y/o alumnado. Representa un papel especial la consideración de determinados profesores del centro y/o alumnos que puedan contribuir de manera estable a dar seguridad y confianza al alumno en todos aquellos momentos que se estimen más allá de la actividad puramente lectiva: recreos, entradas y salidas, actividades deportivas o culturales. La idea puede concretarse en la designación de algún profesor/es que, por su relación anterior con al alumno o sus habilidades relacionales, puedan contribuir a dar seguridad y calidad a la estancia del alumno en el centro de modo cotidiano.Puede ser de interés, asimismo, la elección de algún compañero o compañeros que podrían ejercer una tarea de soporte y apoyo afectivo y emocional en las actividades y momentos de relación interpersonal del día a día. En relación con esta última propuesta, es importante decir que la actividad de apoyo debe ser siempre voluntaria, pautada, supervisada al menos por Jefatura de estudios, tutor de grupo, departamento de orientación u orientador del centro y comunicada a los padres de los alumnos propuestos para su conocimiento y visto bueno.
  4. Coordinación Servicios externos. Establecimiento de contacto estable con los especialistas que puedan estar atendiendo al alumno en el contexto de atención especializada en salud mental. Se hace referencia a pautar los procedimientos para solicitar información, asesoramiento y orientaciones al centro o servicio especializado, de modo que, asimismo, éste pueda verse beneficiado del reporte de información recabada durante la actividad cotidiana en el centro educativo. Cuidar especialmente detallar y documentar por escrito este trabajo de coordinación.
  5. Seguimiento con la familia. Actuaciones de información recíproca con los padres del alumno. Es muy importante configurar un plan de reuniones periódicas con los padres del alumno/, de manera que se actualice la información con la suficiente asiduidad y constancia que aporte las máximas garantías de evolución de la situación vivida.
  6. Actuaciones específicas de apoyo con el alumno. Se hace referencia en este apartado al trabajo que, de modo especial, tutor y orientador del centro deben llevar a efecto con al alumno, a través de la elaboración de un plan de trabajo específico que defina objetivos y actividades para la mejora de habilidades emocionales,  auto-concepto, autoestima y habilidades de relación interpersonal en general. Ver también estrategia 4 de la Guía para la prevención de la conducta suicida dirigida a docentes.
  7. Diario del tutor. Se considera especialmente importante la elaboración por parte del tutor de un diario que permita reflejar de manera continuada el comportamiento del alumno en su actividad diaria en clase. Es preciso insistir en la colaboración de todos los profesores que dan clase al alumno y el asesoramiento del departamento de orientación u orientador, de manera que el tutor pueda desarrollar adecuadamente esta tarea de observación y posterior registro: comportamiento habitual, relaciones interpersonales, indicadores de conflicto o exclusión, rendimiento en las tareas de clase, etc.
Modelo de registro
Día de la semana
Situación-Actividad-Contexto
Relato del comportamiento
Observaciones
Lunes



Martes



Miércoles



Jueves



Viernes




  1. Sensibilización y trabajo con el grupo-aula. En determinadas situaciones y siempre en función de la naturaleza y características de la situación planteada (por ejemplo, situaciones derivadas de conflictos graves entre compañeros o de acoso escolar o ciberacoso), puede ser de interés el diseño y desarrollo de un plan de sensibilización con el grupo aula, de manera que puedan definirse objetivos, contenido y actividades que contribuyan a mejorar los procesos de información y sensibilización de grupo de iguales ante situaciones que deriven en procesos traumáticos y de extremos sufrimiento en el alumnado. A tal fin, pueden consultarse los materiales, específicamente de los Anexos I y II, que pueden consultarse en el siguiente enlace:

A considerar también la posibilidad de intervención del tutor del grupo-clase en situaciones en las que la ideación suicida ha sido comunicada de forma pública y es conocida por los compañeros. La Guía para la prevención de la conducta suicida dirigida a docentes establece en su estrategia 6 algunas posibles medidas cuando, además, el intento se ha hecho público:

      ¿Cómo debe tratar un profesor, en el aula, el intento de suicidio hecho público?
      En este supuesto, nuestra actuación iría encaminada a:

·         No silenciar el acto. No obstante, es muy importante tener en cuenta que en el caso general de un alumno que ha hecho una tentativa de suicidio, ANTES de comunicarlo a sus compañeros hay que pedir el consentimiento tanto a sus padres o tutores legales como al propio adolescente, puesto que es una información confidencial, un acto de su vida privada.
·         Hablar sobre ello, desde el respeto hacia el compañero que ha intentado quitarse la vida.
·         Evitar juicios de valor y sobre todo los chismes.
·         Hablar sobre la conducta suicida.
·         Crear redes afectivas de apoyo. Darles el mensaje que puede salvar una vida. Aclarar a los alumnos que el centro educativo no va a permitir ninguna muestra de ridiculización, ni tampoco avergonzar o felicitar al compañero que se ha intentado quitar la vida.
·         Además, recomendar tratarle con normalidad, mantener una actitud de escucha respetuosa, respetar sus silencios, dejar que cuente lo que quiera, sin interrupciones.

  1. Posibilidad actividad-formación con especialistas de Salud mental de la zona. A los efectos de recoger ideas, sugerencias y propuestas que aporten luz a la intervención de cuidado y protección del alumno en el centro.
  2. El plan de intervención debe incluir un específico calendario de seguimiento de la situación, establecido previamente y cuidadosamente respetado. Se trata fijar de modo expreso un proceso de seguimiento, a lo largo de todo el curso escolar, con agentes y profesionales  implicados, espacios y tiempos establecidos a tal efecto, en el que deberá revisarse el cumplimiento de los elementos fijados y detallados en el marco general de intervención, así como elaborar las propuestas de mejora que se estimen pertinentes.
  3. Otras sugerencias para la acción del centro educativo:









Nota final: El plan del trabajo del centro educativo debe orientar la mirada en el marco de la prevención, el cuidado y la atención esmerada del alumno, especialmente vulnerable en la situación que es de referencia, al tiempo que garantizar el desarrollo de cuantas acciones estén en nuestra mano para seguir adecuadamente la situación, y proceder responsablemente, con el tratamiento adecuado de la máxima información compartida con la familia y otros profesionales implicados sobre la evolución del caso. Los puntos descritos definen un marco general, que, lógicamente, deberá adaptarse a cada situación planteada.

14 de diciembre de 2016

El Proyecto #AlumnosAyudantesTIC en el nº4 de la Revista Entera2.0

El Proyecto de Alumnos Ayudantes TIC en la Revista  EnTERA 2.0 de Ciberespiral, nº 4 (diciembre, 2016, p.102-121)


Publicación editada por la Asociación Espiral de periodicidad anual que fomenta la libre difusión del conocimiento, experiencia y saber de las personas que en ella publican. Nacida para el intercambio de opiniones y reflexión acerca de las prácticas vinculadas al uso de la tecnología en el mundo de la educación, pretende ser un espacio a disposición de los socios de Espiral, y de toda la comunidad educativa, en general. En cada número se hace una aproximación y una reflexión temática vinculada al uso de la tecnología en el mundo de la educación.


27 de noviembre de 2016

Acoso entre iguales (15): lo que ya sabemos sobre el fenómeno. La ley del péndulo

José Antonio Luengo

Cada vez estamos más cerca. O al menos eso nos parece. Avanzamos poco a poco en el diagnóstico del fenómeno, en la consideración de sus causas, en su naturaleza y en los procesos que sostienen su desarrollo. Como si de una enfermedad se tratara. Y es que, en el fondo, se trata de una enfermedad. Una enfermedad social. Que afecta de forma directa a niños, niñas y adolescentes pero que surge, anida y crece sustentada por valores (¿qué valores?) y principios deleznables situados en el corazón mismo de una sociedad que lastra con miseria y ejemplos despreciables los modelos que configuran las relaciones interpersonales, el modo en que asumimos estar con otros, tratar con otros, vivir con los otros. Y definir y resolver los conflictos y confrontaciones. Y también, claro, el modo en que concebimos la ayuda, la compasión, la bondad o la acción comprometida con los otros que nos acompañan, la prioridad que damos a estos valores o, más bien, a sus contrarios, la competitividad cruel, la mirada ominosa, el desprecio, la incapacidad para valorar el sufrimiento de quien me rodea... Sabemos ya cosas suficientes, como, por ejemplo:


1. Que el denominado acoso escolar no siempre se produce, sostiene o sufre en la escuela. Que se desarrolla también en escenarios virtuales, de profunda influencia, expansividad y capacidad de penetración en las redes sociales. Que se ejecuta por agresores que, en ocasiones, no son compañeros en la escuela de las víctimas. A veces no son ni conocidos, casi. Que la escuela y las relaciones que en ella cuajan no produce estos comportamientos. Sino que observa, a veces sin ser consciente o dar adecuada y rápida respuesta al proceso de anidamiento de un fenómeno que nace en una forma ruin de entender las relaciones entre las personas, una cultura de ser popular; que surge y se mantiene también protegido por una ética de la inacción, de falta de compromiso e implicación en la ayuda a quien está sufriendo.


2. Que, no obstante lo dicho, las escuelas tienen una responsabilidad irrenunciable no solo en la detección e intervención rápida, coherente, seria y eficaz de estos comportamientos, sino en la prevención de la violencia y el maltrato y en la promoción de la convivencia pacífica.


3. Que el acoso es violencia y maltrato entre iguales. Violencia cruel, injustificada, gratuita, mantenida en el tiempo. No es un simple conflicto entre pares. Ni una pelea sobrevenida e inesperada. Es violencia planificada, organizada. Y jaleada y, por tanto, sostenida por las cohortes de allegados que ríen, mantienen y difunden las agresiones, la vejación, la exclusión. Sosteniendo la miseria humana sin misericordia. Sin la más mínima reflexión de los profundos impactos de sus abyectas conductas.


4. Que estamos, parece, en una situación de alarma social. Condicionada sin duda por los resultados de algunos estudios, desproporcionados en sus conclusiones. Y alumbrada también por el eco de noticias e informaciones, algunas especialmente dolorosas, que dan cuenta y permiten visibilizar hechos y comportamientos que hace unos años pasaban desapercibidos o sencillamente se ocultaban; tratados más o menos, con mayor o menor tino, cuando eran detectados. Y normalmente oscurecidos por una suerte de costumbre, profundamente arraigada, ligada al silencio. Un silencio contagioso (Silencio epidémico, J. Srabstein, AACAP, San Diego, 2006). Muy contagioso. Hoy en día, sin embargo, el fenómeno ha visto la luz, de una manera deslumbrante, casi cegadora. Y, como bien sabemos, con efectos de sobresalto, y en ocasiones, de espanto, miedo, pavor. En los padres, por lo que pueden vivir o estar viviendo sus hijos. En el profesorado, por lo puede ocurrir (o estar ocurriendo) y no ser conscientes de ello; y por las consecuencias de ello, claro. Y también por la dificultad de tratar de modo adecuado las reticencias y el temor epidémico que puede llevar a muchos padres a interpretar situaciones de conflicto ordinario entre chicos como presuntas situaciones de acoso premeditado e implacable. Estamos en un momento que sí, es posible que se den más casos que antaño. Pero esto es muy difícil de acotar con el despliegue de estudios e investigaciones que aportan datos notablemente contradictorios. Es necesario acotar el método, sustanciarlo, mejorarlo y fotografiar el fenómeno con rigor, incorporando las entrevistas individuales (con menos muestra incluso), de modo que podamos contar con series que permitan evidenciar con seguridad parámetros de incidencia y prevalencia.


5. Que la situación de alarma y alta sensibilidad social con todo lo que puede ser considerado acoso, maltrato o violencia sitúa el nivel de susceptibilidad de la población en el lado completamente opuesto al de la invisibilidad (y por tanto, también de inacción) de cualquier movimiento pendular. Estamos en la zona roja, casi echando humo, en un contexto de visible excitabilidad. Y esto tal vez tenga que ser así. A pesar del tiempo que viene alertándose sobre la necesidad de actuar, casi acabamos de abrir la caja de los truenos, una especie de caja de Pandora (que en realidad era un ánfora) del que escapan, haciéndose más explícitos, todos los males que, en el caso que nos ocupa, hacen manifiestas y explícitas las mil caras del acoso y maltrato entre iguales.







El péndulo deberá oscilar hacia un espacio más centrado, y por tanto más medido, en poco tiempo, de manera que seamos capaces de equilibrar el análisis de la realidad y tomar las decisiones que sean precisas con el máximo de eficiencia. Si lo conseguimos, estaremos acertando con las propuestas.


6. Que el lenguaje es importante. Cuidar cómo hablamos, qué decimos, cómo nos manifestamos ante este fenómeno que amenaza con cierto grado de parálisis. No es verdad que los centros educativos no estén haciendo nada. No es verdad. Como no es verdad que los profesores y padres sean irresponsables en el ejercicio de sus responsabilidades a la hora de educar, de trasmitir valores, de cuidar del desarrollo de los niños y adolescentes que de uno otro modo son su responsabilidad. Y no permitamos expresiones catastrofistas que no solo no ayudan ni contribuyen a mejorar el patrón de respuestas, sino que inyectan un pesimismo paralizante, alejado de la proactividad e implicación. Algunos centros deben mejorar, y mucho, sus mecanismos de intervención en todo el proceso de desarrollo del fenómeno al que hacemos referencia. Y puede que aún no sean pocos. Y algunos profesores, como algunos padres. Pero estamos en el camino. Con propuestas, ideas, planes, materiales para el trabajo eficiente.


7. Que las cifras que tasan el fenómeno del acoso entre iguales pueden, algunas, estar cargadas de intenciones. Y que las investigaciones no siempre aclaran lo que verdaderamente ocurre. Parece que la prevalencia del fenómeno debemos situarla, grosso modo, en torno al 2-3% de la población infantil entre 8 y 15 años aproximadamente. Y este porcentaje, en números absolutos, son muchos niños. Prefiero no detallar el cálculo. Pero sí puede señalarse que, en semejante estado de la cuestión, de preocupante alarma, como se ha expresado anteriormente, los datos reales de denuncias y notificaciones de presunto acoso entre iguales en los centros educativos, sitúan la prevalencia muy lejos del escenario citado (que, por cierto, está, a su vez, muy lejos de cifras un tanto desnortadas que referían una prevalencia del 25% de la población escolar). En la Comunidad de Madrid, durante el curso 2015-16, se presentaron en los centros educativos 573 denuncias de posibles casos de acoso escolar, de las que finalmente resultaron 179 casos de acoso confirmados. Es decir, un 0,03% aproximado de la población diana. Muy alejado de los datos de prevalencia citados y reflejados en el Informe sobre Acoso Escolar elaborado por la Comunidad de Madrid.


8. Que los datos de prevalencia citados en el punto anterior y reflejados en el Informe de la Comunidad de Madrid no se alejan demasiado de la realidad. Pero entonces, ¿por qué existe tanta diferencia entre lo que los niños y adolescentes expresan en sus respuestas a los cuestionarios (autoinforme y heteroinforme) que completan para medir las condiciones del clima social de las aulas y lo que realmente se pone en conocimiento de los equipos directivos en forma de notificación o denuncia? Si las investigaciones sobre prevalencia dicen la verdad, o se acercan a ella, ¿cómo es posible que exista tanta diferencia entre lo esperable y lo que realmente llega, en forma de denuncia, a las mesas de los directores de los centros? Y esto en un contexto de alarma social como es el que nos encontramos... Podemos solucionar la duda argumentando, simplemente, que las administraciones cuentan lo que quieren, que ocultan datos, o que los maquillan. Esto es lo fácil. Entiendo, sin embargo, que hemos de buscar e indagar más. Sin duda. Creo sinceramente que puede haber otras razones que merece la pena explorar más. Entre otras:

¿Son fiables los actuales métodos de investigación y el formato de los mismos? ¿Por qué hay tanta diferencia entre lo que chicos y chicas dicen que les ha pasado o les pasa, más o menos frecuentemente, y lo que luego se denuncia? ¿Se pregunta lo que debe preguntarse? ¿Se pierde la investigación las respuestas que encontraríamos con el análisis (imposible) de la entrevista individualizada? ¿Qué se pierde realmente de lo nuclear con las encuestas on-line?
¿Sigue imperando la ley del silencio?. Más de lo que, incluso, creemos. Nos da miedo contar, "levantar la liebre", Miedo a las consecuencias, posibles represalias, miedo a que el remedio sea peor que la enfermedad, miedo a que no me crean, miedo a ser el "pringao" que acaba chivándose de todo...
Algunas víctimas pueden entender que lo que ocurre forma parte de la vida que les toca, que "es lo que hay", que les pasa a muchos. E intentan sobrevivir sin contarlo... "Porque es normal que ocurra" (cultura del "todo vale" para unos y de "qué voy a hacer", para otros).
Aunque parezca de perogrullo, ¿saben los chicos y las chicas, y sus padres, que si viven este tipo de experiencia deben contarlo cuanto antes?
Tal vez se sigue confiando escasamente en la capacidad de intervención de los centros educativos. Y no se denuncia. ¿Y se buscan alternativas como cambiar de centro educativo, por ejemplo?
¿Cómo responden los centros a las primeras demandas? ¿Se acogen adecuadamente? ¿Permiten canalizar con confianza las demandas de padres y madres y del alumnado?
¿Tenemos suficientemente en consideración la capacidad de resiliencia de muchos chicos y chicas que, pudiendo estar sufriendo comportamientos de exclusión, intimidación, vejaciones y demás, afrontan la situación con capacidad y competencia personal y social? "Esto que me preguntan ustedes me pasa, a menudo, pero sé responder a ello... Y no me inquieta en exceso.


9. Que el papel del profesorado es imprescindible hoy. Hemos de dar un paso al frente y acometer las acciones precisas para generar confianza en nuestros alumnos, observar su mirada, ser más sensibles a sus necesidades, especialmente a las de aquellos que menos hablan, que menos participan, que menos presentes están en la vida del aula y de sus compañeros. Y que es necesario trabajar e insistir desde la educación infantil. Trabajando en modelos donde la competencia emocional sea un referente esencial. Habilitando habilidades intrapersonales e interpersonales entre nuestros alumnos donde la ayuda entre iguales, la solidaridad, el apoyo mutuo, la compasión y la bondad sean valores prioritarios, y contribuyendo, asimismo, a la generación de capacidades de afrontamiento ante los estímulos nocivos, ante las agresiones del entorno. Con valor y seguridad.

10. Que hemos de trabajar con los alumnos, en primaria y secundaria, dándoles protagonismo para colaborar de manera activa en la promoción de la convivencia pacífica y la prevención de actitudes y comportamiento violentos. Alumnos y alumnas que ayudan. Y se comprometen. Y son mostrados. Y se muestran. Se hacen visibles por las aulas. Y en los blogs y webs de los centros. Y traen un soplo de aire fresco a cualquier estructura y organización. Alumnos y alumnas que, con la adecuada planificación representan la reflexión, la información y la formación conjuntas. Y también la detección y derivación, en su caso. Pero especialmente la acción directa con los compañeros para reflexionar sobre conceptos, prácticas, experiencias. Convertidos en referentes como delegados de convivencia del alumnado del centro. Un grupo que con el paso de cada curso dará entrada a nuevos miembros, consolidando y extendido la influencia. Un grupo que en poco tiempo podrá alcanzar niveles de capacitación suficiente que permita, incluso, la formación de nuevos integrantes, y, con ello, la extensión de la idea, del modelo, de la visión. Son los mejores agentes.


11. Que llegamos antes al corazón de los espectadores que al de los violentos. Trabajando con ambos como no puede ser de otra manera (en la prevención, en la detección y en la intervención), hemos de considerar, no obstante, que si conseguimos crear el tejido de sensibilidad suficiente en los grupos-clase, inoculando conciencia, empatía y valor para pasar a la acción y defender, proteger, acoger y cuidar al débil, al ignorado, al excluido o al masacrado, estaremos a un paso de cercar la violencia, dejarla sin sustancia, sin la gasolina que supone la actitud de reír la agresión, mirar hacia otro lado o, desgraciadamente también, no atreverse a intervenir. Y necesitamos tiempo en tarea para desarrollar bases estables de actitud prosocial, de presencia, de mirada crítica. Tiempo para dialogar con nuestros alumnos, exponerles a la realidad, generar sentimiento, ternura, afecto, sensibilidad..

12. Que los padres tienen, también y de modo especial, una responsabilidad esencial. El día a día. Cuidar con los hijos la actitud, la escucha, la capacidad para dialogar, analizar los hechos, responder con ecuanimidad y compasión. Despreciar la violencia en cualquiera de sus grados, formas o manifestaciones, responder a ella con los valores prosociales básicos. Nuestro comportamiento en el espejo. Modelar la ayuda, la solidaridad, el apoyo, el compañerismo, el aprecio, la sensibilidad. Defender y cuidar a quien no se sostiene, a quien apenas se atreve a mirar, a levantar la voz, a pedir ayuda. El ejemplo y el modelo, el nuestro, como herramientas esenciales.

13. Que el Sistema educativo está obligado a reconsiderar, al menos en parte, sus prioridades. ¿Qué tipo alumnado queremos? Y ¿cómo pretendemos articular y vertebrar su desarrollo y maduración como seres humanos? Ratios, organización curricular, atención a la diversidad, tiempos específicos para la acción tutorial en educación primaria y consideración de la necesidad de dar tiempo y visibilidad en la organización al trabajo de coordinación de los equipos docentes en secundaria representan, entre otros, elementos sensibles con la mejora que entre todos tratamos de trazar. E incorporar la convivencia en el núcleo de la vida de los centros educativos, considerando recursos, tiempos para la acción, y claves para la construcción compartida, entre todos los agentes de la comunidad educativa, de proyectos basados en la colaboración y la participación de todos.

18 de noviembre de 2016

¿Conectar o desconectar?

José Antonio Luengo

Voy a desconectar. Solemos utilizar esta expresión cuando tenemos la oportunidad de ver en el horizonte próximo de nuestra vida la posibilidad real de salir unos días de la rutina, cambiar de espacio y, casi, de tiempo: De vivir sin la esclavitud del despertador, del repetido hacer de cada mañana, Temprano. A veces muy temprano. El coche, o el transporte público, hasta ese sitio que llamamos lugar de trabajo. Más o menos lejos, más o menos amable, más o menos ilusionante.



Solemos utilizar esa expresión cuando nuestra visión, corta ordinariamente, vislumbra una pequeña luz al final de ese túnel que nos captura cada día, muchas, muchas horas. Una luz que nos muestra el camino del descanso, del relax. Un panorama que nos sugiere tranquilidad, sosiego; sentarse a leer la prensa mientras se disfruta de un café, o de un vino. Pasear, o correr. Sin pensar demasiado en lo que toca luego, en lo que hacer más tarde. Solo estar y ser. Poder ser quien eres tú. Mirando el cielo, persiguiendo con la mirada las bandadas de pájaros que vuelan más allá de donde puedes incluso mirar. Mirando el campo, o el mar, o el río. O los edificios junto a los cuales pasamos mientras damos una vuelta. Sin reloj. Sin prisa. Sin prisas.

A esto solemos llamarle desconectar... Así, sin más, Voy a ver si desconecto. Y respiro hondo. Suele coincidir esto con algún periodo de vacaciones, un puente o una escapada en medio del trabajo cotidiano.No me gusta mucho esta manera de catalogar ese momento, esos momentos que verdaderamente buscamos para encontrarnos. Vernos mejor. Por fuera y por dentro. Por dentro, sobre todo. Momentos que acercan la mirada a tu interior, a ti mismo, a quien verdaderamente eres. A tus pensamientos, sentimientos, emociones más íntimas. Algunas están cerca, muy cerca de cada decisión que adoptas, de cada respuesta, de cada interpretación de lo que pasa a tu alrededor. Y orientan tu comportamiento, tus actos, tu manera de estar en la vida en el día a día.


Yo a eso procuro referirme con la palabra conectar. Sí, conectar. Porque esos momentos, especialmente esos, te permiten conectar contigo mismo. Te permiten pensar, rebajar la tensión, centrarte en tus sensaciones. Fluyen así mil cosas, mil ideas, que, sin duda, conectan con tu esencia. Y sientes el silencio. Y andas en silencio, ríes en silencio, lloras en silencio. O elevas al cielo tu mirada, tu carcajada, tu llanto. 


Y eres más tú. Porque has conectado con tu corazón. Con el niño que fuiste, con tus anhelos, desvelos, dudas, y certidumbres. Con las cosas y experiencias que te hicieron crecer. Olores, sabores, caricias, guiños de la vida. Conectas también, más y mejor, con tus miedos y fortalezas. Con tus recuerdos más vivos. Y aquéllos que solo en ese estado, conectado, son capaces de surgir para sentirte más tú. Conocerte más. Interpretar mejor quién eres, qué haces y si merece la pena seguir así. Alcanzas a ver imágenes de ti que habían, simplemente, desaparecido. Y que, casi ya, habían dejado de ser tuyas. Y, por tanto, de ser tú.


Conectar para seguir existiendo. Como alguien único. Insustituible. Irrepetible. Ese tú que ves en el espejo esos días, al mirarte. Sin prisa. Sin prisas... Probablemente, uno de nuestros problemas sea este. Conectamos poco con nosotros mismos en lo cotidiano. Lastrados por un ir y venir que oscurece nuestra alma. Nubla el espíritu que anida en cada gesto. Y no somos conscientes de él. 


Y es posible, solo posible, que esa sea la causa de esa descarga continua que sentimos tras cada jornada de trabajo y que denominamos ordinariamente quedarnos sin pilas... El reto, probablemente, es poder conectar con nosotros mismos en todos esos días. Buscar los momentos, la actividad, la huída por unos minutos, por una hora, por un par de horas. Aun sin estar fuera, sin escaparnos o coger unas vacaciones. Pasear más, dejar el coche más, leer más; meditar, correr... Bastarían unos minutos de saludable disciplina personal. Esa que ejercitamos y nos exigimos para ser razonablemente eficaces en nuestro trabajo. Seguir así conectados. Y más conscientes, claro, de quienes somos y qué queremos.




11 de noviembre de 2016

Campaña Orientación vocacional a jóvenes. COP y Funfación A3media

El Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, a través de los psicólogos educativos D. Antonio Labanda, D. José Ángel Salgado y D. José Antonio Luengo, han colaborado en la Fundación Atresmedia para desarrollar un proyecto audiovisual para que los jóvenes reflexionen sobre su futuro académico y pueda tomar una decisión en función de sus gustos y habilidades (.../...)






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