5 de enero de 2017

Amenazas de comportamientos suicidas del alumnado. El papel de los centros educativos

Propuesta de marco general de intervención para centros educativos

José Antonio Luengo

Según la Organización Mundial de la Salud, el suicidio se puede producir durante toda la vida y es la segunda causa principal de muerte entre los 15-29 años en todo el mundo. En el mundo se registran más de 800.000 muertes por suicidio al año.  Si bien la relación entre el suicidio y los trastornos mentales (en particular los trastornos relacionados con la depresión y el consumo de alcohol) está bien documentada en los países de altos ingresos, muchos suicidios ocurren de forma impulsiva en momentos de crisis que pueden afectar a la capacidad de hacer frente a estresores vitales (por ejemplo, problemas económicos, una ruptura de pareja o la presencia de dolor y enfermedades crónicos). Por ende, las experiencias relacionadas con conflictos, desastres, violencia, abusos, pérdidas y sensación de aislamiento, están fuertemente asociadas con el comportamiento suicida[1].

Las tasas de suicidio son también elevadas entre los grupos vulnerables que sufren discriminación, como refugiados, inmigrantes, población LGBTI, población reclusa, etc. Sin obviar, por supuesto, las situaciones derivadas del acoso entre iguales.



En nuestro país, cada día 10 personas se quitan la vida, siendo la primera causa de muerte no natural , por delante de los accidentes de tráfico. Unas 4.000 personas se suicidan cada año en España, una cifra estable que se ha convertido ya en la principal causa de muerte no natural y por lo tanto en un problema de salud pública que debe ser atajado por las instituciones de forma seria y rigurosa, con campañas de prevención que traten el fenómeno y promuevan acciones para la información, la sensibilización y la intervención preventiva[2]. En los últimos diez años, el incremento de muertes por suicidio en nuestro país se ha incrementado un 20%.

Según los datos del INE[3], la franja de edad entre los 15 y los 19 años es la que ha sufrido mayor incremento en la incidencia del fenómeno, en torno al 47%, por encima de lo observado en el resto de tramos de edad analizados.  

Representa una necesidad, pues, acometer un proceso de reflexión seria en los entornos responsables del cuidado y atención de nuestros adolescentes, en especial, en los centros educativos. Conocemos que el principal factor individual de riesgo para el suicidio es un intento previo de suicidio no consumado. Esta es una circunstancia especialmente relevante para la toma en cosideración de acciones preventivas especialmente cuidadas y planificadas.
El presente documento pretende acotar los elementos esenciales para la intervención de un centro educativo en situaciones en las que un alumno haya podido comunicar, a través de cualquier expresión, vía y persona, su profundo sufrimiento con las situación personal que está viviendo y su intención de acabar con su vida.

Más allá de cualquier consideración sobre hipótesis causales y riesgos, que deberán ser abordadas en el contexto profesional especializado que se estime pertinente, el centro educativo está obligado a poner en marcha una serie de mecanismos de atención, cuidado y protección especial del alumno afectado. Para ello, el asesoramiento de los especialistas en salud mental que puedan llevar a efecto la valoración diagnóstica y el tratamiento debe considerarse fundamental.

Resulta de interés la Guía para la prevención de la conducta suicida dirigida a docentes, elaborada por la Comunidad de Madrid (2016), a la que puede accederse en el siguiente enlace:


La citada Guía detalla este tipo de situaciones con la siguiente consideración:

El suicidio puede tener muchas definiciones, pero nos gustaría que lo entendieran como: Una solución radical al sufrimiento psicológico intolerable. La persona tras verse superada en sus recursos y capacidad de afrontamiento, no ve ninguna otra salida y, por ello, decide acabar con su vida.
                                  
Hay dos pensamientos distorsionados que las personas con ideación suicida, creen como reales:
  1. Siempre van a seguir sufriendo igual (desesperanza).
  2. Creen que su pérdida será fácil de superar para sus familiares y seres queridos y en muchos casos piensan que, incluso, es un favor que les hacen ya que, en su opinión, sus allegados vivirán mejor sin ellos.

Asimismo, la Guía señalada establece como imprescindible el diseño de un protocolo o marco de actuación para casos de intento de suicidio o ideación suicida, que debería incluir, al menos, estrategias de prevención y actuación por parte del centro educativo.

Con el objetivo de facilitar un esquema esencial para la elaboración del referido protocolo de prevención, a continuación se detallan los ámbitos que pueden contribuir a una adecuada gestión de la situación siempre en el contexto de los patrones que se estiman adecuados para la prevención, la detección y la intervención por parte del centro educativo.

  1. Creación de un equipo de planificación y seguimiento de la situación, en el que, en todo caso, debe incluirse a las figuras del Director, Jefe de Estudios, Tutor del aula en el que se haya escolarizado el alumno implicado y el Orientador del centro.
  2. Observación y atención al día a día del alumno en los espacios físicos del centro. Se considera especialmente necesaria la elaboración de un plan que recoja de modo explícito la observación esmerada de la conducta del alumno durante su presencia en el centro educativo. El plan deberá incorporar las personas responsables de su cuidado y atención en todos los espacios por donde discurra la vida del alumno a lo largo del día (ver estrategias 2 y 3 de la Guía para la prevención de la conducta suicida).
  3. Acompañamiento y apoyo por parte de profesores y/o alumnado. Representa un papel especial la consideración de determinados profesores del centro y/o alumnos que puedan contribuir de manera estable a dar seguridad y confianza al alumno en todos aquellos momentos que se estimen más allá de la actividad puramente lectiva: recreos, entradas y salidas, actividades deportivas o culturales. La idea puede concretarse en la designación de algún profesor/es que, por su relación anterior con al alumno o sus habilidades relacionales, puedan contribuir a dar seguridad y calidad a la estancia del alumno en el centro de modo cotidiano.Puede ser de interés, asimismo, la elección de algún compañero o compañeros que podrían ejercer una tarea de soporte y apoyo afectivo y emocional en las actividades y momentos de relación interpersonal del día a día. En relación con esta última propuesta, es importante decir que la actividad de apoyo debe ser siempre voluntaria, pautada, supervisada al menos por Jefatura de estudios, tutor de grupo, departamento de orientación u orientador del centro y comunicada a los padres de los alumnos propuestos para su conocimiento y visto bueno.
  4. Coordinación Servicios externos. Establecimiento de contacto estable con los especialistas que puedan estar atendiendo al alumno en el contexto de atención especializada en salud mental. Se hace referencia a pautar los procedimientos para solicitar información, asesoramiento y orientaciones al centro o servicio especializado, de modo que, asimismo, éste pueda verse beneficiado del reporte de información recabada durante la actividad cotidiana en el centro educativo. Cuidar especialmente detallar y documentar por escrito este trabajo de coordinación.
  5. Seguimiento con la familia. Actuaciones de información recíproca con los padres del alumno. Es muy importante configurar un plan de reuniones periódicas con los padres del alumno/, de manera que se actualice la información con la suficiente asiduidad y constancia que aporte las máximas garantías de evolución de la situación vivida.
  6. Actuaciones específicas de apoyo con el alumno. Se hace referencia en este apartado al trabajo que, de modo especial, tutor y orientador del centro deben llevar a efecto con al alumno, a través de la elaboración de un plan de trabajo específico que defina objetivos y actividades para la mejora de habilidades emocionales,  auto-concepto, autoestima y habilidades de relación interpersonal en general. Ver también estrategia 4 de la Guía para la prevención de la conducta suicida dirigida a docentes.
  7. Diario del tutor. Se considera especialmente importante la elaboración por parte del tutor de un diario que permita reflejar de manera continuada el comportamiento del alumno en su actividad diaria en clase. Es preciso insistir en la colaboración de todos los profesores que dan clase al alumno y el asesoramiento del departamento de orientación u orientador, de manera que el tutor pueda desarrollar adecuadamente esta tarea de observación y posterior registro: comportamiento habitual, relaciones interpersonales, indicadores de conflicto o exclusión, rendimiento en las tareas de clase, etc.
Modelo de registro
Día de la semana
Situación-Actividad-Contexto
Relato del comportamiento
Observaciones
Lunes



Martes



Miércoles



Jueves



Viernes




  1. Sensibilización y trabajo con el grupo-aula. En determinadas situaciones y siempre en función de la naturaleza y características de la situación planteada (por ejemplo, situaciones derivadas de conflictos graves entre compañeros o de acoso escolar o ciberacoso), puede ser de interés el diseño y desarrollo de un plan de sensibilización con el grupo aula, de manera que puedan definirse objetivos, contenido y actividades que contribuyan a mejorar los procesos de información y sensibilización de grupo de iguales ante situaciones que deriven en procesos traumáticos y de extremos sufrimiento en el alumnado. A tal fin, pueden consultarse los materiales, específicamente de los Anexos I y II, que pueden consultarse en el siguiente enlace:

A considerar también la posibilidad de intervención del tutor del grupo-clase en situaciones en las que la ideación suicida ha sido comunicada de forma pública y es conocida por los compañeros. La Guía para la prevención de la conducta suicida dirigida a docentes establece en su estrategia 6 algunas posibles medidas cuando, además, el intento se ha hecho público:

      ¿Cómo debe tratar un profesor, en el aula, el intento de suicidio hecho público?
      En este supuesto, nuestra actuación iría encaminada a:

·         No silenciar el acto. No obstante, es muy importante tener en cuenta que en el caso general de un alumno que ha hecho una tentativa de suicidio, ANTES de comunicarlo a sus compañeros hay que pedir el consentimiento tanto a sus padres o tutores legales como al propio adolescente, puesto que es una información confidencial, un acto de su vida privada.
·         Hablar sobre ello, desde el respeto hacia el compañero que ha intentado quitarse la vida.
·         Evitar juicios de valor y sobre todo los chismes.
·         Hablar sobre la conducta suicida.
·         Crear redes afectivas de apoyo. Darles el mensaje que puede salvar una vida. Aclarar a los alumnos que el centro educativo no va a permitir ninguna muestra de ridiculización, ni tampoco avergonzar o felicitar al compañero que se ha intentado quitar la vida.
·         Además, recomendar tratarle con normalidad, mantener una actitud de escucha respetuosa, respetar sus silencios, dejar que cuente lo que quiera, sin interrupciones.

  1. Posibilidad actividad-formación con especialistas de Salud mental de la zona. A los efectos de recoger ideas, sugerencias y propuestas que aporten luz a la intervención de cuidado y protección del alumno en el centro.
  2. El plan de intervención debe incluir un específico calendario de seguimiento de la situación, establecido previamente y cuidadosamente respetado. Se trata fijar de modo expreso un proceso de seguimiento, a lo largo de todo el curso escolar, con agentes y profesionales  implicados, espacios y tiempos establecidos a tal efecto, en el que deberá revisarse el cumplimiento de los elementos fijados y detallados en el marco general de intervención, así como elaborar las propuestas de mejora que se estimen pertinentes.
  3. Otras sugerencias para la acción del centro educativo:









Nota final: El plan del trabajo del centro educativo debe orientar la mirada en el marco de la prevención, el cuidado y la atención esmerada del alumno, especialmente vulnerable en la situación que es de referencia, al tiempo que garantizar el desarrollo de cuantas acciones estén en nuestra mano para seguir adecuadamente la situación, y proceder responsablemente, con el tratamiento adecuado de la máxima información compartida con la familia y otros profesionales implicados sobre la evolución del caso. Los puntos descritos definen un marco general, que, lógicamente, deberá adaptarse a cada situación planteada.

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