4 de octubre de 2016

Recursos para elaboración de planes de prevención contra el acoso

El marco normativo marca el terreno para la organización y la planificación en los centros. Y establece el amparo jurídico para que los engranajes del sistema se articulen de modo que las responsabilidades inherentes al sistema educativo se lleven a efecto de forma ordenada, conceptualmente coherente, compartida, flexible y eficiente. Y estas características se hacen necesarias siempre. De modo singular en la respuesta a las situaciones que más afectan al corazón de las instituciones. Esas que lastran la convivencia entre sus miembros y la tornan insegura y quebradiza.

La acción planificada de los centros educativos es determinante en la prevención, detección e intervención de las situaciones de acoso escolar. Solo un conjunto de acciones integradas, planificadas y compartidas por la comunidad educativa puede convertirse en un marco pertinente y eficiente. Esta observación apela a principios esenciales de intervención de naturaleza preventiva, sumando acciones que, adecuadamente relacionadas, suponen la configuración de una tupida red protectora y promotora de prácticas de convivencia pacífica y de prevención de situaciones de violencia y maltrato entre iguales. Prevención en sus diferentes niveles, primaria, secundaria y terciaria.

El tratamiento del acoso escolar suele organizarse en el contexto de procesos de intervención marcadamente reactivos. La acción como respuesta a hechos que afloran o son denunciados se convierte, probablemente y sin perjuicio de la existencia de prácticas de naturaleza más preventiva, en el modelo más habitual de atención a este tipo de situaciones.

Preocupa el fenómeno por la evidencia de las consecuencias y el dolor y sufrimiento que llega a generar en las víctimas; pero también preocupa por su frecuente invisibilidad; o por la alarma social que provoca; también por sus frecuentes recidivas, o por los efectos indeseados e inesperados secundarios a la respuesta desarrollada; y por la reacción inadecuada de algunos agresores; pero también, en ocasiones, preocupa el fenómeno por la inexperiencia o falta de formación para su tratamiento; e, incluso, así es manifestado, por la ausencia de referentes y pautas de actuación claras y regladas.

Las acciones más efectivas en la lucha contra el acoso escolar deben partir de principios y procedimientos de intervención integrados en un plan global, compartido por toda la comunidad educativa y desarrollado por agentes organizados en estructuras pensadas para el objetivo pretendido. Algunas de ellas, ya existentes en los entramados organizativos de los centros educativos; otras, por el contrario, específicamente diseñadas.


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